sábado, 5 de septiembre de 2009

Abril

Abril
Capítulo I: Lluvia
Estabas allí en frente cuando te ví, no sé exactamente si era la primera vez, como tampoco sé si tú cruzaste la calle o yo lo hice, muy bien no recuerdo, pues verás la memoria con algunos años a veces, a los de por estas tierras nos juega una mala pasada. Te acercaste como un tren que llegaba a su destino, no hice más que mirarte y avanzaste sobre mí como queriendo apresurarte a darme un beso en la mejilla, cuando como un disparo salió de mi brazo derecho mi mano extendida y estreché la tuya.
Era obvio que eras tú. Pensé por un instante qué hacer, o quedarme allí a tu lado con el riesgo de caer ante tu sonrisa o salir corriendo como un loco desesperado con el riesgo de perderme lo que el destino me tenía preparado. Pues no me animé y te invité a acompañarme, luego de caminar unas cuadras, entre risas y miradas, me dí cuenta que guardabas en las manos un gran secreto para mí. ¿Debí preguntarte?¿debía asegurarme de que jamás me lastimaras? No lo sé, estabamos allí justos los dos bajo ese cielo que pronto empezaría a caerse en forma de lluvia. Veía en tu rostro, algo cansado, algo intrigado, un cierto aire de reverencia, hasta ahora nunca te lo había dicho, pero mis ojos también tienen voz, también dicen y quizas mucho más que yo.
Y allí estabas buscando un sitio donde sentarnos sin molestar a nadie, en el cual a lo mejor hasta llegaras a abrazarme, eso sí, si yo lo permitía. Recuerdo que fue en el lugar que hoy esta siendo demolido, creo que van a poner un local, de esos que hay ahora, esos que están de moda. En fin, pudo ser peor, sólo que esa vez mi boca no estaba dispuesta a decir la verdad, y te mentí hasta mi nombre, cuantas cosas inventé, para hacer parecer mi vida aunque sea un poco más interesante, totalmente desprevenido de que al conocerte, jamás volvería a ser el mismo.
¿Pero quien era? Ya no lo recuerdo.
La cuidad comenzaba a apagarse y la lluvia a caer, las gotas rodaban por tus mejillas y tú sólo me escuchabas, recuerdo tus gestos, simulando que lo que yo decía te importaba, pero en fin, nadie jamás me prestó tanta atención. A lo mejor aquello fue lo que me obligó a mentir, es decir, quién puede sostener una conversación con un desconocido por más de veinte minutos sin hablar de la lluvia, cuando el cielo esta cayendo. Parecías comprenderme, digo parecías porque a lo mejor ni me escuchabas, pero me vastó con tu mirada, me daba cuenta que te tenía entre mis manos, era una relación asimétrica, yo dominaba y eso me encantaba o más te gustaba a tí, no lo sé, quizás el pasado quiso entrometerse y arruinarlo todo y no lo permitimos. Siempre me caracterizé por decir lo que pienso, algunos lo llaman sinceridad, otros incontinencia verbal, yo prefiero decirle genuidad. Pero aquella noche no te dije todo, por lo menos no todo lo que pensaba, creo que si te lo decía te levantabas y te hibas, al no ser que mis relatos te tuvieran tan cautivado. De todas formas conmigo estabas, y yo me sentía el chico más afortunado de todos. ¿Eras lo que yo buscaba? No, aunque de alguna forma lograste captar toda mi atención y que aquella noche terminara por derribar el muro que entre el mundo y yo había construído para no salir lastimado, es decir, podía hablar de todo y con todos, menos de eso y menos con esos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario